Skip to content

Mis adolescentes en las manos de Dios

Recuerdo perfectamente a mi mamá dándome un libro cuando estaba en sexto de primaria. Se llamaba Preparémonos para la adolescencia. En ese momento, el título me parecía curioso… incluso un poco lejano.

Hoy, años después, ese mismo título vuelve a mi mente, pero desde un lugar completamente distinto. Ahora soy yo quien está del otro lado. Ahora es mi hija quien está por entrar en esa etapa.

Y, si soy honesta, la adolescencia no es algo que simplemente “llega” y ya. Es una etapa que, de alguna manera, nos obliga a prepararnos… no solo con información, sino con el corazón correcto.

Por eso decidí no esperar a que llegara ese momento crítico para comenzar a hablar con ella. No le di un libro para que lo descubriera sola. Decidí ser yo quien iniciara esas conversaciones, poco a poco, con paciencia, abriendo una puerta de confianza que espero nunca se cierre.

Como padres, nuestro anhelo es claro: que nuestros hijos sepan que pueden acudir a nosotros. Sabemos que vendrán preguntas difíciles, decisiones complejas y momentos de tensión. Y ante esa realidad, surge una pregunta inevitable:

¿Cómo nos preparamos realmente para esta etapa?

A lo largo de este camino, he descubierto algunas verdades que han transformado mi manera de ver la adolescencia… no como una etapa que temer, sino como una oportunidad para confiar más profundamente en Dios.

No tengo el control

Una de las primeras tentaciones al criar hijos adolescentes es pensar que, si hago todo “bien” —si enseño, disciplino, superviso y anticipo cada escenario— entonces el resultado será necesariamente positivo.

Pero no siempre es así.

Conozco hijos de padres piadosos, diligentes en discipular, que aun así han decidido apartarse. Y también conozco jóvenes que han venido al Señor a pesar de crecer sin dirección espiritual en casa.

Esto me recuerda una verdad profundamente liberadora: yo no tengo el control del corazón de mis hijos.

Puedo descansar sabiendo que Dios es quien salva (Jn 6:37), que la fe es un regalo suyo, y que la vida de mis hijos está en Sus manos.

Yo no controlo su futuro… pero Dios sí. Y Él es mejor que yo.

Dependiendo de Cristo

Que Dios tenga el control no significa que yo no tenga responsabilidad.

Él me ha llamado a instruir a mis hijos en la verdad (Deut 6:6-9), a ser diligente, intencional y amorosa en esta tarea. Él me ha llamado a ser diligente en la tarea que me ha dado como madre.

Al entrar en esta etapa de adolescencia, otra tentación con la que me presento es el miedo. Puedo temer que no voy a tener las respuestas a los problemas que surjan. Pero en esto, Dios también ha provisto. Él dice que ya me ha dado todo lo que necesito para vivir esta vida de una manera que le honre, incluyendo enfrentar mi maternidad de hijos adolescentes con gracia y valentía, siempre dependiendo de Él (2 Pedro 1:3). 

En Cristo tengo todo lo que necesito para enfrentar este nuevo reto. No necesito temer, ni siquiera de mí misma y de mi naturaleza pecaminosa. Necesito depender de Cristo a cada momento, sometiendo todo pensamiento y toda palabra que salga de mi boca a Él (2 Cor 10:5;  Mat 12:36).

Andrew Murray en su devocional titulado Permanece en Cristo, nos recuerda que depender de Él es una tarea del día a día: “El mañana le pertenece a Dios. Debes enfocarte solo en el hoy… ¿qué me mantendrá seguro cuando me enfrente a las pruebas o tentaciones? ¿qué me mantendrá en Cristo?… Eso no es algo que debes preguntar. Se te ha dado lo que necesitas para este día… Permanece en Cristo.”

Puedo enfrentar la maternidad de hijos adolescentes recordando que Dios es mi ayudador (Sal 46:1).

Buscando ayuda de otros

Nuestro Padre celestial no solo nos ha dado Su presencia y guía para saber discipular a nuestros hijos, Él también nos ha dado el regalo de la iglesia local: hombres y mujeres que aman, enseñan, corrigen y acompañan a nuestros hijos. Si no perteneces a una iglesia local te animo a que lo hagas. Lo necesitamos tanto.

Él también nos ha dado a nuestras familias extendidas para recibir ayuda. La humildad es clave aquí. Pedir ayuda no es señal de debilidad, sino de sabiduría. La ayuda de parte de Dios muchas veces llega a través de otras personas.

Además, vivimos en un tiempo donde abundan recursos valiosos. Libros, enseñanzas, testimonios de otros creyentes que han recorrido este camino. Recientemente escuché un audiolibro por Melissa Kruger titulado Crianza con esperanza, cómo criar a tus hijos adolescentes en un mundo desafiante. No solamente fui instruida, mi corazón también se animó a enfrentar esta nueva etapa con confianza, tomada de la mano de Dios.

Dios muchas veces responde nuestras oraciones… a través de otras personas.

Apuntando a nuestro verdadero hogar

Hay mucho que no sé de esta nueva etapa. Mis hijos están cambiando y transformándose en personas independientes, hay tanto por descubrir. 

Pero hay algo que sí tengo claro: lo mejor que puedo darles es a Cristo.

Hablarles de su pecado y del poder transformador de Jesús, depender del Espíritu Santo para mostrar Su fruto de gozo, paciencia y bondad (Gál 5:22-23), someter mi voluntad a Dios, estar atenta a mi propio pecado para arrepentirme de él y confiar que Dios va a continuar haciendo Su obra en mí y a través de mí (Fil 1:6).

Mi meta no es criar hijos “perfectos”… sino hijos que conozcan al Salvador.

Enfrentando la adolescencia con valentía

Si hemos puesto nuestra fe en Cristo para recibir el perdón de nuestros pecados, entonces somos nuevas criaturas.

Eso cambia completamente la manera en que enfrentamos esta etapa. No criamos desde el miedo, el control o la frustración.
Criamos desde la gracia.

No necesitamos enfrentar el reto de criar hijos adolescentes como lo hacen quienes no conocen a Dios: con quejas, con deseo de control, a regañadientes, con desacuerdos con nuestros esposos, etc. Somos de otro mundo, pertenecemos a un Reino eterno y no solo somos llamadas a actuar de manera diferente sino que Dios también nos ha capacitado para hacerlo.

Somos llamadas y capacitadas para:

  • Escuchar a nuestros hijos
  • Valorar sus opiniones
  • Amar con paciencia
  • Soltar el control
  • Caminar en unidad con nuestro esposo

Vivimos con una perspectiva eterna. Así que, querida lectora: prepárate, busca consejo, sumérgete en la Palabra, ora… y vuelve a orar.

Escucha a tus hijos. Deléitate en ellos. Construye un hogar donde quieran estar.

Y luego… descansa. Porque al final, no se trata de ti sino de cuán profundamente confías en Aquel que sí lo tiene todo bajo control.

Podemos descansar que nuestros adolescentes están en las manos de Dios.

Ultimos artículos

Glorificando a Dios con una vida saludable

En nuestros días, muchas veces olvidamos que el cuerpo es templo del Espíritu Santo y que estamos llamados a glorificar a Dios también con

El amor en los últimos días

Todos, en el fondo, soñamos con una historia de amor como las de película. De esas que son intensas, únicas, recíprocas y que duran

Noviazgo cristiano: principios bíblicos para vivirlo sabiamente

Desde que era niña, soñaba con el día en que conocería al amor de mi vida. Me imaginaba la escena perfecta, como en esas

¿Una triste navidad?

Es curioso como una de las temporadas que causan mayor gozo y expectativa puede llegar a ser grandemente dolorosa. Las vísperas navideñas pueden recordarnos