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La Sumisión: El yugo de Cristo

Sumisión, ¡Qué palabra tan contracultural! Pocas cosas ofenden hoy como cuando se describe a alguien como “sumiso”. Rechazamos la sumisión por ambas partes; el sometido y al que se le somete. Pensamos que el sometido evidencia debilidad, inseguridad y falta de carácter. Mientras que pensamos que al que se le somete evidencia hambre de poder, inseguridad y superioridad.

La sumisión es rechazada por la sociedad ya que es vista como el asalto de la voluntad humana, la supresión del derecho humano, y el fin de la libertad de expresión. Lo entiendo muy bien, es fácil rechazar la sumisión debido a que la sociedad ha sido testigo de abusos de autoridad a lo largo de la historia, pero, ¿qué si te dijera que hay Uno cuyo yugo es ligero, que liberta en lugar de esclavizar? ¿Qué si te dijera que hay una sumisión que trae alivio al alma?

Vengan a Mí, todos los que están cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas. Porque Mi yugo es fácil y Mi carga ligera”. Mateo 11:28-30

Jesús hace esta invitación a todos los cansados y cargados. ¡Esto es buena noticia para nosotros ya que todos estamos agotados por el yugo de este mundo! Aunque no nos demos cuenta, todos tenemos un yugo pesado sobre nuestros hombros. El pecado, las demandas de la ley, la maldición y la condena pesan mucho. Este yugo nos aflige con temor, ansiedad, sufrimiento, agotamiento, y búsqueda constante de libertad. Creemos que somos libres, hasta que, en momentos de crisis, nos damos cuenta de que es una simple ilusión, estamos esclavizados. Pero Cristo nos invita a tomar Su yugo con una dulce descripción de Él mismo; Manso y humilde de corazón.

No hay doble agenda, no hay hambre de poder, porque Cristo no tiene necesidad de nada. ¡Pureza de corazón, humildad extranjera, benignidad asombrosa! Él es, y nos ofrece de sí mismo.

Su yugo trae descanso. El sometido será grandemente beneficiado por llevar el yugo de Cristo. El sometido entiende su debilidad y sus faltas, por lo que corre a los brazos de Cristo, quien lo hace libre de depender de sus débiles intentos por salvarse y santificarse. El sometido evidencia sabiduría celestial al reconocer que Cristo suplirá su necesidad y al acudir a Él. El sometido a Cristo esta unido a la fuente de toda bendición eterna.

Su yugo es fácil y ligera su carga.

Su yugo no es uno que exige de nosotros para ganarnos su gracia. Su yugo es un don de gracia al mantenernos unidos a Él. Nos dio Su Palabra, nos dio Su revelación en las Escrituras, nos dio a Su iglesia, y nos dio a Su Espíritu. Intercede por nosotros, nos comprende en nuestras debilidades, nos socorre en nuestras aflicciones, y aboga por nosotros en nuestro pecar. Nos ha dado todo lo necesario para nuestra salvación y santificación. Sobre todo, nos ha dado Su amor que nos constriñe hacia la cruz día a día, para seguirle hasta el fin.

Su yugo nos llama a morir a nosotros mismos, pero nos asiste en gracia para hacerlo. Su yugo nos libera de la esclavitud hacia la libertad de Hijos, alivia el alma y llena de esperanza porque Él prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo. Su yugo verdaderamente es fácil y ligera su carga.

¡Cuán alegres son los que se someten a Cristo!

“Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame”. Lucas 9:23

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